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Campos del Río, un pellizco de oasis en medio del desierto

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“Travesía al desierto y encuentro con la paz”, María José Pérez, alcaldesa de Campos del Río
He querido que coincidiera la publicación del especial de Campos del Río con la luna llena que en estos días tenemos como compañera de noche, y es que como bien dice uno de sus eslóganes favoritos: ‘Aquí vive la luna’.

La primera vez que visité esta localidad fue hace ya más de veinte años, comí con varias trabajadoras de la entonces empresa emblema de la zona Halcón Foods, y durante la comida, una de sus trabajadoras me contestó a una pregunta de una manera que décadas después aún sigue acompañándome en mi vida.
«¿Cuánto tiempo llevas trabajando aquí?», le pregunté. No recuerdo el nombre de ella, solo sabía que había dejado los estudios para ayudar a la familia. «Entré con la naranja y me quedaré hasta la uva», me dijo. No he vuelto a escuchar a nadie más hablar así del factor tiempo. Y es que en Campos del Río, si hay algo que caracteriza a su gente, es su manera particular de ver la vida.

Una ciudad que coloca un busto en la puerta del Ayuntamiento dedicado a La Tía Juana de Calderón, por asistir y acompañar a los cientos de partos que se realizaban entonces sin anestesia, sin quirófanos, ni ecografías; esto es otro signo más de que nos encontramos en un pueblo que no olvida a los suyos.

 

Lo primero que piensas cuando llegas a este lugar es que el tiempo se detuvo hace unos lustros, un cartel de Estrella de Levante que aún pervive, te lleva a los años setenta y ochenta del siglo pasado, una farmacia que se traspasa y un paseo lleno de palmeras majestuosas y orgullosas escoltan un Ayuntamiento donde su alcaldesa, María José Pérez, que compagina su vida profesional con su responsabilidad política, se convierte en la puerta de entrada a su pequeño y coqueto casco antiguo.

Aventuras que no debes perderte

Llega a mis manos el libro de Miguel Gómez Gómez Badlands o Desierto de Campos del Río que, sin duda, constituye la mejor manera de entender la historia de este lugar. Y es que estas tierras, sumergidas bajo las aguas del gran lago que hubo aquí, han construido una especie de jeroglífico lleno de ramblas, taludes, hoces y cañones que, cuando comienza en esta época del año al caer la tarde y la luna se enciende, la convierten en un lugar mágico.

La ruta de los miradores badlands, de Cañada Honda, de las Dunas del Desierto o la de las Grandes Hoces, son algunas aventuras que no debes perderte, si bien es cierto que debes programarla muy bien, a partir de mayo, y no con el sol como aliado, sino con la luna. «Cuando la luna llena se asoma, estar en nuestro mirador se convierte en uno de los mejores escenarios naturales del mundo», me dice orgullosa la alcaldesa de Campos del Río.

«Campos es una gran desconocida»

María José Pérez me acompaña todo el rato a enseñarme el casco antiguo. Hacía tiempo que no veía a una persona sentirse tan orgullosa de su gente y de su historia, cansada -imagino- de que mucha gente prefiera no desviarse dos minutos de la autovía del noroeste para conocer este lugar. «Campos es una gran desconocida», se lamenta la alcaldesa, y con razón.

Llegamos al corazón de esta localidad, su mirador. Ahora entiendo lo que me decía María José de la luna llena. Este lugar es un balcón donde por la noche estás tú solo frente a la luna, desnudos, despojados de luces y adornos, cara a cara.

Aquí encontramos, junto a su famosa Torre del Reloj, la Hospedería del mismo nombre. Si busca un lugar donde descansar con encanto, no busque más. Salvador le atenderá gustosamente, y es que tras este periodo de pandemia y encierros, están deseando volver a ofrecer lo mejor de sí mismos.

La Ermita de San Juan Bautista, cuya imagen es obra del gran escultor Roque López y donde podemos también disfrutar de algunas tallas de la Escuela de Salzillo; calles estrechas y revueltas, envueltas en colores granate, azules y ocres, abrazan su mirador, el lugar donde se ubicaba su Castillo. Quizás no tengan un gran patrimonio histórico, ni paseos llenos de arboledas frondosas, ni edificios asombrosos, pero no se pierdan un atardecer aquí cuando la luna abandona su hogar para asomarse al mundo.

Aquí todo el mundo se conoce, se saluda, saben que en su unidad está su fortaleza.

Algo tendrá este municipio cuando una de las residencias de personas mayores de mayor lujo que hay en el Mediterráneo, Club de Campos, ha elegido este lugar.

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